jueves, 29 de abril de 2010

Ella se mueve.

Ella mueve los pies, mueve sus brazos, sus hombros, y la pasión brota desde sus entrañas, sale por cada poro de su piel y se expresa en un movimiento puro, claro e intenso...
Su torso se contrae y se proyecta, su mentón sube y alcanza una expresión de naturaleza que eriza la piel.
Su cabeza gira, sus ojos miran más allá y dicen más de lo que veo.
Su cara siente y transmite lo que sus pies marcan, lo que la tierra devuelve y empuja, lo que sus brazos nunca alcanzan.
Bailan sus dedos, baila su alma y baila su ser.
El mundo parece no existir y el tiempo es el escenario sobre el cual ella se mueve. Sobre esa masa de aire densa que la impulsa hacia allá y hacia acá, desde adentro hacia afuera.
Crece y la gravedad deja de ejercer fuerza, no importa hacia donde, ella simplemente se mueve.
Baila incluso quieta, esperando la cuenta precisa que le marca cuando comenzar. Ella baila desde antes de empezar. Baila con la voz, con su sonrisa, con sus gestos.

Baila con su vida y vive de su danza.

Nota al pie.